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ALTO PELOTAZO EN CONTRA – NO AL MUNDIAL DE TRUMP SI AL FUTBOL

La FIFA nos quiere vender un circo de paz mientras las fronteras se militarizan y el Sur Global queda afuera de la cancha. En Radio Atomika lo tenemos claro: esto no es fútbol, es un negocio de guerra. Bienvenidos al Mundial de Trump.

La FIFA nos quiere vender un circo de paz mientras las fronteras se militarizan y el Sur Global queda afuera de la cancha. En Radio Atómika lo tenemos claro: esto no es fútbol, es un negocio de guerra. Bienvenidos al Mundial de Trump.

El negocio detrás del torneo

La Copa Mundial 2026 evidencia una profunda convergencia entre los intereses comerciales de la FIFA y la agenda de política exterior de Donald Trump. Pese a que los estatutos de la FIFA consagran la neutralidad política y la no injerencia gubernamental, la adjudicación de la sede a Norteamérica se logró mediante un intenso cabildeo estatal. Documentos sugieren que el mismo Trump se comprometió personalmente a flexibilizar restricciones migratorias para asegurar el evento, mientras que asesores de la Casa Blanca lideraron campañas millonarias para influir en los votantes de la federación.

La dependencia financiera es absoluta: el torneo de Qatar 2022 representó el 83% de los ingresos de la FIFA en su ciclo de cuatro años. Para 2026, las proyecciones estiman una facturación global de 14.000 millones de dólares. Esta rentabilidad explica por qué Gianni Infantino prefiere ignorar las políticas bélicas de EE. UU., llegando al extremo de otorgar al expresidente estadounidense reconocimientos simbólicos mientras se despliegan intervenciones militares y se militarizan las fronteras.

El doble rasero: la selectividad sancionatoria

El marco ético de la FIFA opera bajo una selectividad geopolítica evidente. A continuación, comparamos cómo el organismo aplica —o ignora— sus sanciones según los intereses geopolíticos en juego:

Estado Acciones militares e infracciones Impacto humanitario Sanción aplicada Justificación / Omisión
Rusia Invasión de Ucrania (2022), ocupación y anexión territorial. Decenas de miles de bajas y devastación del tejido deportivo ucraniano. Suspensión total e inmediata de torneos. Violación de la Tregua Olímpica y anexión de comités regionales.
Estados Unidos Operaciones globales (Irak, Afganistán, Siria, Yemen, Pakistán) y ataques con drones. 4,5 a 4,7 millones de muertes; más de 38 millones de desplazados. Ninguna. Ratificado como anfitrión de 2026. Doctrina de «separación» y peso financiero del mercado norteamericano.
Israel Campaña en Gaza, ocupación de Cisjordania y ataques en el Líbano. Decenas de miles de civiles fallecidos; colapso de infraestructura humanitaria. Ninguna. Bloqueo administrativo de la FIFA y protección diplomática de EE. UU.

Derechos humanos y represión: el clima del Mundial

El Mundial 2026 transcurre en medio de un alarmante deterioro de las garantías civiles en EE. UU. Durante 2025, se ejecutaron deportaciones masivas y se impusieron vetos de viaje que afectan a ciudadanos de más de 70 países, impidiendo que aficionados de naciones como Haití, Irán o Costa de Marfil puedan acompañar a sus equipos.

Además, la militarización urbana es una realidad: en ciudades como Los Ángeles, la Guardia Nacional ha sido desplegada para reprimir protestas contra las redadas migratorias. En sedes como Dallas, Houston y Miami, las policías locales actúan como agentes migratorios, incrementando el perfilamiento racial. A esto se suma una vigilancia digital extrema, donde a los solicitantes de visado se les exige entregar el historial de sus redes sociales para detectar «expresiones críticas» contra el gobierno.

La resistencia social

La subordinación de las políticas locales a los intereses de la FIFA se replica en Canadá y México. Desde desalojos de personas sin hogar para construir infraestructura logística, hasta el despliegue de 100.000 elementos federales en México para blindar las sedes, el torneo se impone sobre las necesidades de la población.

Ante este panorama, organizaciones de derechos humanos y colectivos civiles han lanzado advertencias y guías de resistencia. Se busca recuperar las tácticas de boicot deportivo histórico para exponer los crímenes de los regímenes anfitriones. Hoy, como en las grandes confrontaciones del siglo XX, el fútbol vuelve a ser un escenario de disputa política. El Mundial de 2026 no es solo una competencia deportiva; es el reflejo de un orden global que privilegia el negocio y la fuerza sobre la paz y los derechos de los pueblos.


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