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Las cartas de un “tal González” parte 7

cartas que llegan a nuestra radio firmadas por “un tal González” leídas a diario en AQUÍ RADIOATOMIKA – CONTINGENCIA BROADCASTING, lunes a viernes 12 a 14hs///De un tal gonzalez

De un tal González:

Cuando fui joven pensaba q habia nacido en un momento de la humanidad en el q no estaba pasando nada relevante,,,,,,,,,,,,,, y no me daba cuenta.

Justo cuando el capitalismo caia, por q hasta a las gentes mas vulgares no le importaba el dinero ni lo q podían hacer con el, no me di cuenta.

Justo cuando habia un qilombo social tal, q por darle prioridad a la derecha o a la izqierda podia dejar sin padre o madre a alguno de un volantazo, y en esa esqina no me di cuenta.

Justo cuando naci yo,,,,, justo cuando comenzo el tiempo,,,, y no me daba cuenta. Por q conmigo fue el Big Bang y con vos, y con cada uno de ustedes …y con tu espiritu….y no dimos cuenta.

¿sera q no estabamos atentos? ¿ sera q no estamos atentos, ahora mismo?

¿sera q la mugre me hace sentir comodo y la mierda me impresiona pero me atrae?

¿sera q trabajo mil horas para comprar tu olor humedo y sucio, q no vale mas q una droga peruana?

Justo cuando intento valorar mi vida ………no me doy cuenta


La Contradicción.

Dicen las estadísticas serias q el artista moderno tiene dos contradicciones. El profundo desprecio q tiene el genuino artista moderno por el rico, no es por q el artista no sea tambien un ladron, o porque sea mejor humano, ya q gran parte de los artistas modernos esgrimen, q todos somos iguales y esa es su primera gran contradicción.

El artista moderno lucha dia a dia contra su ego, por q la soberbia le impide crear, y lo peor de lo mas horrible, el no crear, lo hunde en la misma engrasada vulgaridad q al rico, lo q significa q su peqeña y superficial felicidad dependerá exclusivamente de la cantidad de dinero q pueda acuñar y no de su genio creador …..¡dios no lo permita! (segunda contradicción).

Es bastante difícil imaginar un genio creador q este completamente a salvo del capital, pero q los hay….. los hay!!

Y q los hubieron tambien, inmersos en la miseria, la enfermedad y la locura o vestidos de gris con familias normales bien alimentadas y creyentes, pero con un denominador comun : la DIOSA SOLEDAD, de hecho, la creación, no es mas q una excusa para tener un encuentro carnal profundo con la Diosa Soledad, q lo hace sentir especial, distinto, lo extrae de la masa vulgar y calma el dolor de la carne.

(Ninguna genuina creación sera comprendida en tiempos del artista, ya q son tiempos creados por el, y no por la gran masa comun a la q tambien pertenece el rico).

Alberto Caeiro, (Fernando Pessoa) dice: “ Yo no soy poeta, la poesia es mi manera de estar solo”.

Para Alberto Caeiro , para mi, el mejor poeta.


Peqeño manual de bolsillo para el pueblo

Nadie tiene dudas q la clase dirigente es el ENEMIGO, NO gaste energia para el rey, NO pague impuestos al estado, NO pague multas, deje de pagar TODO LO Q PUEDA !, no invierta en VOTAR.

Reduzca sus gastos en transporte y ejercicio, camine o bicicleta, y reduzca al maximo el consumo de hidrocarburos, ya sea de medios privados o publicos.

Sea consciente, desde q se despierta hasta q se acuesta, q cada cosa q consume de mas va en desmedro de su salud y felicidad, y sera para llevarle mas dinero al estado por medio del IVA.

Sepa q cuando no le qede un centavo, solo la salud publica lo curara (en caso q no se cure usted mismo), solo la enseñanza publica le hara saber (en caso q no pueda aprenderlo solo), PROTEJA ESTAS DOS INSTITUCIONES, asi como protege a su familia.    


De Dege González:

5) Crisálidas de lo siniestro

Viviana se quitó el último velo, o ya estaba desnuda, no sé, todo es difuso, o estamos a oscuras con luces que se prenden y se apagan en colores navideños, o una luminosidad azul nos envuelve, o son mis labios que la humedecen, o es la lluvia, o los autos y las luces blancas en el esmerilado del vidrio de color ámbar, no sé, pero ella está desnuda y la curva de su piel se dibuja como un contorno sinuoso y suave que recorro con manos y piernas, y desde las orejas y desde los codos, y con labios y yemas, y desde los cabellos y desde las caricias. Un subir y bajar, como su vientre que se llena de aire y luego se vacía, o sus muslos que tiemblan o mi cuerpo que se mete dentro de ella desde todos los recovecos, un jugar a saltar o a soplar o a nadar en medio del mar, no sé, se escucha la lluvia de los autos que pasan y hace tanto calor que no podemos despegarnos, que no podemos quedarnos quietos, que sus besos, mis caricias, sus hombros, mis brazos, su culo, sus bragas o lo que suene, se enreda y salva apenas un poco más de carne. Y de entre los labios que nos enlazan hasta las extremidades que nos abren, somos tanto que no podemos vernos ni dejar de sentir cómo los jugos dentro de las frutas coloradas y exprimidas van llenando los cinco vasos que esperan: cuatro, uno a cada costado de la cama, como sostenidos en el aire y uno más, en el medio flotando sobre nosotros, donde sus pezones endurecidos apuntan y yo me siento tan fuerte que podría romper paredes, metrallas, áridas laderas de volcán ceniza. Beso su frente, sus ojos, sus mejillas, su cuello y ella se entrega con la boca abierta, suspirando gestos eternos, y beso un su pecho, un su pico y su centro, y ella desgarra las sábanas a cuchillazos, y beso su vientre blando, su corona, sus escamas, y le abro los labios con los míos, y ella tiembla, salta y reluce en medio del silencio, y en mi lengua se pega su flor blanca, casi cerrada, la que sale de ella, la que me regala todas las noches. Se suspende un poco el tiempo, la sangre, el silencio se nos inunda donde no quedan suspiros y la flor blanca resplandece cayendo a su posición de loto en medio del líquido ahora rosado. Un poco de sus manos me revuelve las orejas, algo de sus piernas me aprieta para contenerme, los licores que me llenan el cuerpo van en ríos hacia la sombra, desde su boca que se abre tanto salen suspiros, maldiciones, fresas, ovillos, gritos y sentencias, y su lengua se escapa fuera para tentarme, para desgarrarme, para regalarme otro capullo blanco, pequeño, redondeado, con pétalos uno a uno cerrado como la noche oscura. Otra flor, otro vaso, otro silencio de ventilador como ruido blanco que descansa, abriéndose poco a poco, y es también blanca y sana y huele como pecado. No sé, ahora estoy acostado y es ella la que domina, la que ata, la que respira, y salta y vuelve, y nos enlaza para despegarnos y para volver a enlazarnos hasta la boca, hasta los dedos abiertos sobre las sábanas de encaje blanco o de seda, la vista se me nubla y el tacto es terso, pero soy yo el que gime, el que despierta, el que resuella y la lava que escance como un huracán furioso y ella salta y nos separa y una flor está pegada en mi prepucio. Es blanca, también, resplandece como una luciérnaga, como ella, también, con un color claro, y su lengua que la desprende después de recorrer el tallo, otra vez hasta su puesto. En la oscuridad luminosa zumba una farfalla y se nos acerca al oído, y se nos aleja, y no es una mariposa, y no es un zumbido, es un gemido, un resuello, no sé, algo que va y vuelve, como los cuerpos que nos enredan dentro del sudor, como las voces que nos decimos entre respiración y respiración, como las hebras que se confunden entre las sábanas y las almohadas y la humedad de las bocas, las lenguas y las espaldas. Y hay otra flor donde antes no había nada, y las cuatro esquinas nos contienen en vasos, en sangre rosada de pecados y venas encendidas. Yo me subo entonces sobre ella, dentro de ella, en los ojos donde hay grietas para entrelazarnos, y yo salto y ella ríe, hasta con los hombros que no nos tocamos, y la base de mi cabeza rebota en la pared tantas veces como los bríos me lo permiten, y un resuello, un suspiro, un ladrido y la sombra siniestra de un silencio que se interrumpe, porque se toman, frente a frente, boca a boca, brazo a brazo, y la ferocidad tiene labios, dientes, y el calor tiene agua, ríos de agua, tibia, en cada uno de los poros de mi piel, de la suya, rebotamos, aceleramos, una palabra, un grito, el color del viento, el campo, la patada, y todo que da vueltas, la cabeza, los gitanos, la calle, los labios, las voces, el verano, las almohadas, su culo, mi espalda, las yemas, sus tetas, mi espalda, la garganta, cualquier garganta, la sombra cada vez más siniestra. Sonríe, sonrío, habla, callo, beso, muerde, ruge, nado, ama, amo, y descargo dentro de ella una, dos, tres veces, como para llenarla de miel o de fiebre. Sus muslos tiemblan antes de quedar tiesos, o los míos, no sé. La última flor corona el último vaso, abriéndose pétalo a pétalo hasta acabar. Viviana desnuda, yo desnudo, respiramos fuerte, sonreímos y nos entregamos.

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