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Rafa Hernández habló en Contingencia Broadcasting

Charla en la audición diaria del mediodía atomiko con un locutor de raza, un tipo de radio, uno de los padres de la radio actual de esta parte del mundo, por ese PISO 93 de la FM106.3 ROCK&POP a fines de los 80s  y mucho más.

Rafa Hernández es un personaje mítico como su arte radial, misterio, psicodelia, sonido natura broadcasting.

Nos sumergimos en una charla de martes en el mundo de un hacedor de radio…

(fragmento por Mariano Del Mazo para Página12) Hernández pegó sus primeros pininos en la FM Rivadavia donde arrancó El tren fantasma. Tenía el pelo largo, era rockero de Mordisco y del Expreso Imaginario y con una valijita se había alejado de su pueblo y de sus padres, que nunca lo entendieron. Vino a Buenos Aires en plena dictadura y se hizo de abajo en pensiones infames. Trabajó de arreglar matafuegos y sifones Drago, hizo las correspondientes inferiores de la locución –”nunca me voy a olvidar que tuve que dar la noticia de la muerte de Lennon”, dice– y gracias al prodigio de una voz luminosa y firme pasó de Rivadavia a Del Plata, donde fermentaba el germen de la Rock & Pop, con el 9 PM de Lalo Mir y Elizabeth Vernaci a la cabeza.

Cuando Del Plata empezó a naufragar para convertirse en una radio de música latina, recibió un llamado de Raúl Fernández para sumarse a la Rock & Pop de Daniel Grinbank. Al principio solo había música, era la prehistoria de la famosa 106.3. Otra vez, fue más que un mero locutor. Participó del diseño creativo, fue la principal voz oficial de la emisora e, incluso, el autor de la más célebre frase publicitaria de la radio: “Rock & Pop: donde el rock vive”. “Pero tranquilo –dice ahora, con una sonrisa agria–. No soy millonario. Más bien soy modesto y pelotudo”.

En la Rock & Pop fue el alma pater de Piso 93, un programa de aristas legendarias en el que era tan importante lo que pasaba en el estudio como lo que continuaba, por ejemplo, en Pippo hasta las cuatro de la mañana. La Rock & Pop había hecho trizas la idea de que una FM era sinónimo de música lavada, ese concepto que Seru Giran definió en su canción “Frecuencia modulada”, de 1979 (“tanta música absurda/ es mejor que comencés a hablar”). Lo más interesante de la época pasaba en esa radio, como fotografía de lo que ocurría y también como generadora de contenidos. Piso 93 era lo alternativo de lo alternativo, y aparecía siempre en un borde, un poco paria. En esas noches convivían  H. P. Lovecraft con poemas de Juan Gelman o música de Lou Reed. Rafa Hernández ponía la voz exacta en un territorio extraordinario y minado en el que desfilaban, trabajando o acompañando, Alfredo Rosso, Ricardo Ragendorfer, Claudio Kleiman, Sergio Marchi, Martín Pérez, Enrique Symns y el Indio Solari, entre otros. “Laburábamos muchísimo para Piso 93. Pero a escala humana. A ver si se entiende, sobre todo los que ahora van a ver al Indio: venían Los Redonditos al estudio. A charlar, a tomar fernet. Pero los Redonditos no eran los Redonditos, eran amigos. El clip de “Masacre en el Puticlub” lo vimos por primera vez en mi departamento de Güemes y Serrano porque nadie tenía videocasetera. Hicimos una reunión, y después nos fuimos a comer a Hermann. Me acuerdo de que el Indio me dijo que le gustaba comer sin que nadie le rompiera las pelotas. ‘A veces estoy cenando en un restaurant y se me llena la milanesa de gente’, decía, cuando se tomaba en broma el tema de la popularidad. También íbamos a Cemento para sentarnos bien atrás para conversar y tomar un vino mientras tocaba alguna banda. Después todo se hizo demasiado grande, y empezaron las plumas, el conchero…”

 

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