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LA PEOR SEPARACIÓN DEL MUNDO

(Parte 1)

 República Separatista de San Martín, 17 de marzo del 17

Por Pablo Aníbal Barata.

Radio Atómika es el Under de la radiofonía argentina. Una elipsis histórica contrakultural que retoma donde se congelaron las ideas en la radio de los ochenta pateando el tacho de basura de los noventa para explotar a fuerza de impulso entrada la década del cero, la de los dos mil, la década de la post guerra neoliberal. Porque ésta radio, ¿Cuál?, ésta, no se fundó, explotó. La dupla Federico Mario (y el apellido de su Padre) Di Paolo, junto a  Martín Butera Almenara comenzó con la velocidad de una locomotora diésel entre estación y estación.  Se conocieron en la desaparecida (como tantas otras que se quedaron sin nafta) FM Universo. Uno haciendo aire y el otro produciendo. Tienen una formación puntual: Di Paolo es locutor y Butera periodista de gráfica. La palabra por sobre todo fue lo que sostuvo esta pareja de radialistas que trece años más acá decidió romper esta “sociedad de sueños” como ellos la definen. El binomio atómiko dice adiós, uno se va, el otro se queda.

Fui citado una tarde de febrero luego de varios intentos fallidos para cubrir un hecho que sólo había que ponerle fecha de vencimiento, lo cual  de por sí  es llamativo porque nadie se separa a la voz de aura. Claro, mañana a las seis de la tarde esto ya fue. No funciona así. Agónico hasta el hartazgo atestiguar esta ruptura societaria que parecía no tener desenlace certero. Desde que se dio a conocer la noticia internamente sobre que Martín se iba de la radio, que dejaba de producir los hitos que hicieron de Atómika la única radio del Under a  pura mística, decena de teorías se tejieron al respecto: que todo era mentira, que en realidad era “otra más” de las de Butera, que ahora qué pasa, que mirá si la cierran…y blá.

Algo así se podía entrever hace tiempo: una muletilla re sabida en cada Congreso Atómiko, “Loco, acá se reunieron los Cadillacs.” “Por acá pasaron todos”. Y es cierto. Martín los traía y Federico los barajaba en el aire. En ese tiempo donde Babasónicos, Mimí Maura, Fidel Nadal, Iorio, Enrique Symns, Walter Mesa de Horcas, el Mosca de 2 minutos…todos. “Hicimos que Dancing Mood tocara en un estudio de dos por dos loco”. Era la arenga de siempre en esas reuniones. Donde muchos interpretaban que se les enrostraba la historia en la jeta pero en realidad se decía a gritos que todo lo que uno desea se puede concretar, aún en una radio Under, más aún en una radio del Under donde no existe el protocolo del dinero. Es impulso. Siempre.

“Fuimos una sociedad de sueños” dicen como título tentativo para esta nota. Ni en pedo, jamás, ni bajo los influjos de la absenta una dupla del Under, un binomio de lo Alternativo merece ese título. Eso es para Clarín, no jodamos. ¿Qué mierda les pasa? ¿Se convirtieron al Budismo? Porque así son también; te citan para que escribas la del estribo y encima coparte el título de la nota. Ese es el impulso de ambos. Dos cabezas donde las ideas fluyen y van de acá para allá sin misterio. El guan, chú, trí, fó desgarrado de Dee Dee Ramone. Le digo más, en este momento puede hasta suceder que esta nota esté redactada y publicada en la web por alguno de ellos con posterior aviso. Son de los que no esperan ni el bondi; si no viene, arrancan a caminar.

Acá no hubo una gresca final, un revoleo de botellas, una cagada a trompadas, no hubo que separarlos mientras se disputaban la bandera Atómika a los manotazos quedándose cada uno con un girón como trofeo, ni mucho menos nadie se fue con el botín, nadie quiso una porción, ni reclamar derechos de autor sobre el nombre de la radio, ni sobre el logo, ni quedarse con el micrófono vintage que les regaló Flavio Cianciarullo. Tampoco hubo que correr a la guardia de un hospital y nadie quedó fisura recodado sobre el cordón en una calle de San Martín. No hubo ni John, ni Yoko. Porque vamos, es el Under, debería haber violencia, disturbios y una anécdota puntual y cirrosa para la posteridad.  ¿Quién querría leer una nota sobre un final desinflado? ¡Loco! Denme sangre, una escupida en la cara, un codazo en medio del pogo. Eso lo puedo esperar de Butera, algún comentario que lo saque a Federico y que me haga presenciar el portazo final.  De todas formas sería desigual. Un flaco de dos metros pegándole de arriba hacia abajo a un petiso bien hidratado de metro y medio que le daba piñas por donde podía. Ojo, hubiera estado bueno.

Martín llega a la radio. Entra re manija y comienza a dar vueltas porque viene de ganarle a la ruleta en el Bingo. Federico no sé qué mierda hace en la cocina, acomoda unas cosas, no sé; mientras Butera arranca: “bueno dale loco terminemos con esto, hagamos la notita, un par de fotos en la estación y listo.”

Cómo será el clima que al salir de la radio  encaramos para el lado contrario a la estación. No digo nada, me limito a que ellos rompan el silencio. No hay una atmósfera en particular, son todas al mismo tiempo. Hay tristeza, alegría, incomodidad, nostalgia…hay anécdotas, hay historias. De las que se pueden contar y de las que, como dijo Fabián Polosecki: “las peores historias son las que no se pueden contar.” Porque atentan contra la moralina en general, porque incluyen a determinados personajes de renombre o simplemente como dicen ellos: “no da contar eso”. Forman parte de la mística. Pero que ha pasado de todo, ha pasado de todo en estos trece años por los estudios de Radio Atómika. Tampoco me ocupo de grabar la caminata, la última por lugares emblemáticos de San Martín centro: las vías y el andén, los copetines al paso, la peatonal y la plaza central.

Ya no saben qué contar. Qué elegir como anécdota para sellar este fin de etapa, porque es un claro fin de ciclo en la historia de la radiofonía. Desde que Martín se encontrara con Hugo Lobo en un colectivo y le ofreciera hacer un programa (Hombre Lobo) que hasta hoy, doce años después sigue al aire; hasta la oportunidad en la que un concejal sacó un arma en su oficina y los amenazó por preguntar, a lo atómiko, la pregunta correcta. En esa ocasión Butera rajó despavorido a “buscar ayuda”, ponele, y Federico se quedó junto al comedido municipal que luego le aclaró que se trataba de un “arma de juguete”.

Llegamos a la estación de trenes por la retaguardia, por donde circulan los cartoneros y los obreros. En el andén posan con la bandera de la radio debajo del cartel que la nombra. Se acerca un guarda a decirnos que no se puede sacar fotos en el andén porque es una estación privada. ¿Lo qué? Federico arranca a las puteadas. Si hay algo que lo saca es la autoridad y que le digan que algo público no lo es y menos que le prohíban hacer algo en la ciudad que re bautizó como República Separatista de San Martín. Nos vamos hacia una de las parrillas al costado de la estación y hacemos unas fotos. Butera se va para el fondo del local… ¿Qué hace? No sé. Vuelve con una gaseosa en la mano y seguimos caminando. Unas fotos sobre la calle, callejón empedrado (Granadero Francisco González) y encaramos hacia la peatonal. Foto en la esquina de Belgrano y Yapeyú y finalmente hacia la plaza del centro. Se sientan en un banco y por detrás unas pibas que toman birra levantan la botella mientras hacemos la ante última toma. Deliberan izar la bandera de la radio en uno de los mástiles al costado del Palacio Municipal. ¿Vamos a la fuente? No, nos vamos a la goma, ya fue. Encaramos para el lado de la peatonal otra vez. La última foto es delante de un colectivo de la línea 78. Una vez más con la bandera. Martín dice chau y se sube al bondi. ¿A dónde va? No sé. No se sabe nunca con Butera. ¿Por qué se toma el 78? Tampoco. Andá a saber, capaz se mudó para el lado de Villa Adelina o se bajó dos paradas más adelante y se fue caminando hacia otro lado.

Que Martín Butera deje de producir la historia de Radio Atómika es todo un duelo. ¿La prueba? Nombrarme cinco productores por cada década de la radiofonía argentina. Dale. Cinco. No vas a poder. Con Martín se culmina una etapa del productor estrella. El que lograba traer a figuras del rock que luego miraremos desde lejos, allá en la cima. El descubridor de talentos, el que tiene el ojo, el pulso de la radio, el de las ideas locas, el de los nombres disruptivos para los programas. El que levanta un teléfono y lo atienden. El que sabe a quién llamar en el momento indicado. Los productores lo saben, podes tener cinco mil números telefónicos pero si no sabes a quién llamar…solo tenes números apilados. Podes tener veinte agendas telefónicas pero si no te atienden es lo mismo que nada. Se fue el Comandante. Ese personaje amado, odiado, querido, vilipendiado, entrañable. El que te discutía todo. El que te metía una nota con un famoso de prepo si se aburría operando tu programa.

Me reservo para mí una imagen de una noche caminando por San Martín. Íbamos hablando de la radio, de la radio en general, siempre puteando obviamente a Pergolini y toda esa gilada. Siempre carajeando por la ausencia de ideas y lo parió. Era una noche de frío y el asfalto estaba mojado a lo película yanqui. A la media cuadra de habernos despedido Martín se da vueltas y grita…”Es una pasión, es una pasión”.

Se va casi  con el mismo escenario social y político que lo vio brillar. El tipo brilló e hizo brillar, eso no se lo quita nadie. Y esa es su conquista. Le pese a quien le pese.

La radio, la Atómika, queda en manos de Federico Mario Di Paolo, uno de los mejores conductores de radio que jamás escuché. Es otra historia completamente diferente. Es otra visión de la radiofonía pero siempre desde el Under, desde lo alternativo, desde la autogestión.

Si me pongo a pensar un toque… ¿Y si el que se iba era Federico? (Continúa en la parte 2)

 

 

 

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