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1ro de mayo

Ya se cumplen 132 años de aquel fatídico día que oscureció el cielo y las calles de Chicago cuando 4 rosas rojinegras y libertarias fueron marchitadas por las horcas asesinas del Estado represivo estadounidense. Hoy recordamos ese día gritando, combatiendo y soñando por una sociedad anarquista donde el estado y el capital serán vestigios del pasado y donde la libertad, la igualdad y la solidaridad serán las luces del presente que iluminarán un mejor mañana.

No olvidamos ni perdonamos el asesinato brutal de August Spies, Jorge Engel, Albert Parsons y Luis Lingg como no olvidamos ni perdonamos el asesinato de sindicalistas, profesores e intelectuales que han venido alzando su voz de protesta contra la oligarquía colombiana y el imperialismo extranjero. El espíritu de lucha y rebeldía de esos cuatro hombres que murieron por la idea y por el proletariado seguirá presente y combatiente cada vez que se produzca una huelga, un paro o una marcha pues la revolución social exige no silenciarnos frente a la represión estatal y capitalista que se ha venido agudizando como consecuencia de la mercantilización de todos los aspectos de la vida y de la avaricia de las clases dominantes en detrimento de las masas desposeídas que siguen vendiendo su fuerza de trabajo por un salario miserable.

De esta manera conmemoramos un primero de mayo internacionalista, revolucionario y anarquista que se solidarice con las luchas que ha venido emprendiendo el pueblo oprimido por su libertad, que no se conforme con reformas autoritarias y lesivas y que no se detenga en su camino hacia la completa emancipación de las clases oprimidas y explotadas del sistema capitalista a pesar de que las manos oscuras de un estado criminal y genocida persiga, desaparezca y asesine a los dirigentes sindicales y a los obreros subversivos que siguen defendiendo el pensamiento crítico.

Sin embargo se hace necesario recapitular los sucesos que culminaron con la indignante muerte de los mártires revolucionarios y anarquistas de Chicago a la vez que se hace necesario reflexionar sobre la unidad, la solidaridad y la resistencia del movimiento obrero.

anarquistas de chicago

Mártires de Chicago. La guerra a muerte contra la burguesía

La odisea insurrecta, llevada a cabo por los trabajadores anarquistas en Chicago[1], tendrá como punto de partida la lucha de la clase obrera contra la violencia de la clase burguesa que, por medio de la represión policial, criminalizaba toda forma de organización y acción en las fábricas y en las calles. La resistencia de los trabajadores estadounidenses se verá reflejada en la creación de autodefensas obreras a principios de la década de 1870 que, como los Molly Maguires, combatirán con revolver en mano a los empleadores abusivos. Esa oleada de violencia subversiva dará ánimos a la clase trabajadora para emprender numerosas hazañas en territorio norteamericano como la huelga de los ferroviarios en 1877 contra la empresa Baltimore & Ohio Railroad que había reducido drásticamente los salaros de sus obreros. Esta huelga culminaría con la masacre de 100 trabajadores en las ciudades de Pittsburg, Maryland, Chicago, Reading, Baltimore y Cumberland.

A pesar de la represión a sangre y fuego desatada por los agentes del orden y la ley, la clase obrera creará nuevas organizaciones que combatirán a la patronal como la conservadora Noble and Holy Order of the Knights of Labor[2], que vinculó en sus filas a Albert Parsons, y la electorera Socialist Labor Party[3]. No obstante estas organizaciones no cumplirán los requisitos de una verdadera organización revolucionaria lo que ocasionará el surgimiento de una corriente que defenderá la acción directa y la violencia ácrata como respuesta al electoralismo y al conservadurismo de esas organizaciones que se decían ser anarquistas. De esta manera, los militantes libertarios que todavía seguían soñando con un mejor mañana para la clase obrera convocaron a un Congreso Social Revolucionario en 1881[4] que tuvo una gran participación de reconocidos anarquistas como Michael Schwab, August Spies y Albert Parsons. Este congreso daría los primeros insumos para la conformación del Congreso de Pittsburg que se realizaría en 1883 y que tendría como gran colaborador al anarquista alemán Johann Most[5] quien era fielmente admirado por el movimiento obrero estadounidense.

Del Congreso de Pittsburg, que reflexionó sobre la necesidad de la lucha armada para el derrumbamiento del capitalismo, nacería la International Working People’s Association (IWPA) que sería la primera organización netamente anarquista que florecería en el imperio del norte.

La IWPA[6] sería la casa libertaria donde habitarían cientos de obreros de todo el mundo[7] quienes nunca dejarían a un lado los anhelos de una sociedad libre e igualitaria sin ninguna clase de jerarquía o poder. Con el pasar de los días esta organización convertiría al anarquismo como la ideología más importante de la izquierda en Chicago; una muestra de ello serían los 2500 militantes activos en esta ciudad durante 1886.

Sin embargo ya desde 1885 los miembros de la IWPA estaban trabajando por el porvenir de la clase obrera como lo demuestra la participación activa de los dirigentes en el movimiento por las ocho horas en la ciudad de Chicago.

Bomba en Haymarket

Este movimiento fue organizado en 1884 por la Federación de Sindicatos y Organizaciones Gremiales de EEUU y Canadá (Federation of Trade and Labor Unions of the United States and Canada) como respuesta a la acción reformista de algunos intelectuales que habían intentado, durante la década de 1870, instaurar la jornada de ocho horas mediante el parlamento y no mediante la participación de la clase obrera. Esta federación declarará al 1 de Mayo de 1886 como día cumbre donde se tendría que establecer la jornada de ocho horas por medio de la huelga o toda acción que sirviera para conseguir ese fin.

“Esta huelga, diría José Antonio Gutiérrez, fue una impresionante demostración de la fuerza del movi­miento obrero organizado en los EEUU, donde más de 300.000 obreros abandonaron su puesto de trabajo, pero particularmente en Chicago. Es imposible que la huelga haya tenido la fuerza que tuvo sin la decisión y el apoyo que otorgaron al movimiento los anarquistas quienes se con­virtieron en los principales promotores de la huelga”[8] Ese protagonismo de los corazones libertarios se vio reflejado en manifestaciones, conferencias y acciones de hecho en los meses antes de ese primero de mayo que transcurrió pacíficamente a pesar del instinto insurrecto ácrata que hubiera querido generar el odio de las masas desposeídas contra los cuerpos represivos estatales.

Pero dos días después, el 3 de Mayo, la pasividad y el pacifismo que habían reinado hasta el momento se convertirían en inquietud y guerra contra la patronal cuando la policía asesinó brutalmente a dos obreros de los muchos que se encontraban ejerciendo una huelga en la fábrica de maqui­naria agrícola McCormick. Enterado del trágico suceso “Spies se dirigió al lugar de la carnicería, al cual ya antes habían concurrido algunos obreros de la manifestación de los madereros para solidarizarse en la lucha contra la policía, y el espectáculo de hombres, mujeres y niños heridos, sangrantes, siendo golpeados salvajemente por la policía lo asqueó en lo más profundo.”[9] Inmediatamente se dirigió a la redacción del periódico Arbeiter Zeitung y escribió una circular que, con el nombre de Venganza, llamaba a la clase obrera a tomar las armas por los trabajadores caídos en la planta de McCormick.

Esta circular fue leída atentamente por Fischer y Engels quienes convocarían a una manifestación de protesta frente a los hechos ocurridos en esa fábrica agrícola.

Así, el 4 de mayo se reunieron más de 3000 personas en Heymarket para levantar sus puños contra la impunidad y la injusticia; pero la calma terminó cuando una patrulla de la policía llegó al lugar de los sucesos y pidió que se acabara inmediatamente la manifestación. Fielden y el capitán Ward tendrán una fuerte discusión que sería silenciada por el estallido de una bomba que mataría al agente de policía; posteriormente los cuerpos represivos abrirán fuego contra los manifestantes ocasionando la muerte de algunos obreros.

Por esa bomba ocho anarquistas serán perseguidos, intimidados y encarcelados en las mazmorras del imperio yanqui. Al final solo cuatro serán condenados a la horca[10], asqueroso mecanismo de tortura humano, tres serán perdonados y puestos en libertad[11] y uno se suicidará mostrando su odio a las leyes del estado[12].

Pero la anarquía y la clase obrera seguirán sufriendo un fuerte hostigamiento por parte de los capitalistas pues “sea cual sea el origen de la bomba, lo cierto es que este ataque fue capi­talizado por la clase dominante de Chicago: se decretó la ley marcial y se desató una feroz persecución sobre los anarquistas, y en general, sobre los sectores organizados de la clase obrera”[13]

La burguesía yanqui logró humillar a los dirigentes anarquistas de la IWPA más no logró silenciar a la clase obrera pues los trabajadores de todo el mundo saldrán cada 1 de Mayo[14] para recordar ese día de lucha y resistencia contra el estado y el capital.

Esa guerra social por el establecimiento de las ocho horas será uno de los primeros triunfos del movimiento obrero contra la patronal por lo que se hace necesario identificar los errores y aciertos de esos días en que las calles de Chicago se tiñeron de los colores rojinegros de libertad en busca de la configuración de una fuerza obrera que tenga la capacidad de aniquilar la burguesía como clase, al capitalismo como sistema socio-económico y al estado como aparato político infame.

De igual manera debemos conmemorar el 1 de Mayo con un sentido socio-crítico que enfrente directamente las vulgaridades de los medios de desinformación masiva al servicio de la oligarquía que intentan mostrar al día de los trabajadores como cualquier otro día festivo donde algunos individuos salen a marchar y son ajusticiados por los cuerpos represivos. Al respecto los miembros de la Fundación Francisco Largo Caballero de la UGT española asegurarán que la conquista de la jornada laboral por las ocho horas “fue una lucha que duró décadas y cuya historia ha sido olvidada, ocultada o limpiada de todo contenido social, hasta el punto de transformar en algunos países el 1º de mayo en mero “festivo” o en un día franco más. Pero sólo teniendo presente lo que ocurrió, adquiere total significación la fecha designada desde entonces como “Día Internacional de los Trabajadores[15]

Por un primero de Mayo unitario, solidario y revolucionario

Union y Solidaridad por un mundo nuevo

El pequeño recuento de la serie de sucesos que ocurrieron en la ciudad de Chicago durante el año de 1886 y que culminarían con la muerte de cuatro anarquistas exige reflexionar sobre algunos aspectos primordiales que nos ayudarán a configurar una verdadera revolución social por y para las clases oprimidas del sistema capitalista. La primera reflexión surge de la necesidad de terminar con la idea del proletariado como vanguardia revolucionaria de los explotados pues, si bien la clase obrera debe librar una batalla a muerte contra la burguesía no debe olvidar el papel de las demás clases sociales que todavía subsisten en el modo de producción capitalista como los son el campesinado y los indígenas. De esta manera la clase obrera tiene el deber revolucionario de ayudar a los demás oprimidos a liberarse del yugo de otros amos y señores pues la sociedad anarquista debe destruir además del estado y el capital todos los gérmenes de desigualdad que puedan prevalecer en una nueva sociedad configurada sobre los principios de libertad, apoyo mutuo y autogestión.

Al respecto el anarquista peruano Manuel Gonzales Prada afirmará

Se ha dicho y diariamente sigue repitiéndose: La emancipación de los obreros tiene que venir de los obreros mismos. Nosotros agregaremos para ensanchar las miras de la revolución social, para humanizarla y universalizarla: la emancipación de la clase obrera debe ser simultánea con la emancipación de las demás clases. No sólo el trabajador sufre la iniquidad de las leyes, las vejaciones del poder y la tiranía del capital; todos somos, más o menos, escarnecidos y explotados, todos nos vemos cogidos por el inmenso pulpo del Estado. Excluyendo a la nube de parásitos que nadan en la opulencia y gozan hoy sin sentir la angustia del mañana, la muchedumbre lucha desesperadamente para cubrir la desnudez y matar el hambre.[16]

La segunda reflexión tiene como punto de partida la unidad revolucionaria de todos aquellos que queremos abolir el sistema capitalista. Así como los primeros de mayo salimos juntos a enfrentar directamente a los cuerpos represivos o simplemente a levantar nuestra voz contra las injusticias y miserias que han engendrado el estado y el capital tras años de sufrimiento, dolor y sangre, debemos unirnos también en la guerra social por un mundo de igualdad y fraternidad y en la configuración de un movimiento obrero sólido y duradero. Ese Frente Único Proletario, en palabras de José Carlos Mariátegui, será el encargado de librar una lucha a muerte contra el orden social y sus instituciones a través de la unión de las masas oprimidas y explotadas.

El mismo Mariátegui dirá que

El movimiento clasista, entre nosotros, es aún muy incipiente, muy limitado, para que pensemos en fraccionarle y escindirle. Antes de que llegue la hora, inevitable acaso, de una división, nos corresponde realizar mucha obra común, mucha labor solidaria. Tenemos que emprender juntos muchas largas jornadas. Nos toca, por ejemplo, suscitar en la mayoría del proletariado peruano, conciencia de clase y sentimiento de clase. Esta faena pertenece por igual a socialistas y sindicalistas, a comunistas y libertarios. Todos tenemos el deber de sembrar gérmenes de renovación y de difundir ideas clasistas. Todos tenemos el deber de alejar al proletariado de las asambleas amarillas y de las falsas “instituciones representativas”. Todos tenemos el deber de luchar contra los ataques y las represiones reaccionarias. Todos tenemos el deber de defender la tribuna, la prensa y la organización proletaria. Todos tenemos el deber de sostener las reivindicaciones de la esclavizada y oprimida raza indígena. En el cumplimiento de estos deberes históricos, de estos deberes elementales, se encontrarán y juntarán nuestros caminos, cualquiera que sea nuestra meta última[17].

Y la tercera y última reflexión tiene como objetivo mostrar la pertinencia de la lucha revolucionaria llevada a cabo por el movimiento obrero colombiano que ha venido sufriendo las consecuencias de vivir en un país con un conflicto social, político y armado de más de 60 años, con una intervención económico-militar imperialista de más de 50 años[18] y con una fatídica política neoliberal de más de 20 años.

Colombia ha sido epicentro de innumerables batallas llevadas a cabo por el proletariado contra la burguesía por mejores condiciones laborales, reformas inmediatas y cambios drásticos en la estructura del estado. Sin embargo, al igual que los sucesos vividos en Chicago durante 1886, la clase obrera colombiana ha sufrido la represión brutal y sangrienta del gendarme al servicio del gran capital como se ha podido evidenciar en las masacres de artesanos bogotanos en Enero de 1893, de artesanos del Partido Obrero en Julio de 1911, de las bananeras en Diciembre de 1928 y de los obreros del cemento de Santa Barbará (Antioquia) en Febrero de 1963[19]. Hoy, las cosas no han cambiado mucho pues la herramienta paramilitar ha sustituido al ejército y la policía en su búsqueda de acallar los gritos insurrectos de la clase obrera como se ha evidenciado en los interminables asesinatos contra los sindicalistas de la USO y contra las organizaciones sindicales de las multinacionales imperialistas[20]

Sin embargo, la resistencia libertaria seguirá en pie de guerra contra la patronal, el capital y el estado paramilitar pues a pesar de los cientos de asesinatos de sindicalistas[21] debemos seguir apoyando y fortaleciendo los procesos organizativos de la clase obrera colombiana para así dar los primeros pasos por el sendero de la revolución social.

Solo queda recordar las palabras de Samuel Fielden antes de su ejecución para comprender la importancia de resistir y combatir toda forma de represión:

Yo amo a mis hermanos, los trabajadores, como a mí mismo. Yo odio la tiranía, la maldad y la injusticia. El siglo XIX comete el crimen de ahorcar a sus mejores amigos. No tardará en sonar la hora del arrepentimiento. Hoy el sol brilla para la Humanidad, pero puesto que para nosotros no puede iluminar más dichosos días, me considero feliz al morir, sobre todo si mi muerte puede adelantar un solo minuto la llegada del venturoso día en que aquél alumbre mejor para los trabajadores. Yo creo que llegará un tiempo en que sobre las ruinas de la corrupción se levantará la esplendorosa mañana del mundo emancipado, libre de todas las maldades, de todos los monstruosos anacronismos de nuestra época y de nuestras caducas instituciones.[22]

Estas palabras de un anarquista estadounidense deberán dar fuerza a la clase obrera para seguir empleando todas las formas de lucha que se puedan emplear para combatir al estado y el capital en busca de la sociedad de la anarquía y la igualdad.

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