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Otro bar, otra ciudad, los mismos (Todavía Cafetín).

por Federico Mario Di Paolo///

En algún punto de Buenos Aires todavía existe el barrio, en CABA (Ciudad Autómata de Buenos Aires) todavía hay esquinas míticas y misteriosas.
En Paternal, uno de los segmentos de la porteñidad, todavía hay bares como este, desde donde pienso, desde donde escribo. Todavía tienen una foto de la mejor sonrisa arriba a la derecha del mostrador, retrato del zorzal. Todavía hay parroquianos jugando cartas a medianoche. Todavía existe la barra de estaño donde se acoda uno entre la campana sanguchera y la caja registradora. Todavía en alguna repisa del fondo hay unos pares de trofeos, copas color bronce y tiempo, orgullo de los que las supieron conseguir en el fulbito o en honorables lúdicas mesas.
Un miércoles cualquiera que se transforma en jueves en la perla del Río de la Plata, Bi Ei, como pronunciaría una de Recolcheta o uno de Vancouver.
Todavía encontramos, encuentro, un cheboli con aire de tango, con color “amarirrón” (mezcla de amarillo y marrón, combinación que logra el paso del tiempo y registra la nostalgia). Todavía la birra es presentada con un platito de ingredientes, sin preguntar, sin cobrar a parte. Todavía, mientras escribo, entran habitúes que saludan a todos con una mirada, una cabeceada proverbial, para luego, sin emitir sonido, sentarse a esperar que el encargado les haga llegar lo que corresponde, lo de siempre, lo suyo, pues claro, son habitúes.
Todavía en un barsucho de un rioba donde ejerce la fuerza de seguridad la denominada Poli Metro, una madrugada de la mitad de la semana, en una mesa, un tipo pide una jarra de vino de la casa con un sifón de soda para luego abrir un libro de tapa dura y forrada de azul liso, leer, cada tanto elevar la mirada sumergida, masticar el texto y sodear el totín.
Todavía existen, existimos lugares donde el tiempo pasó y pasa de diferente manera. Todavía estos sitios, este sitio, me hace escribir, me hace observar. Todavía aquí que uno, alguno escriba se convierte en cosa interesante y notable. Todavía, ahora, el viejo de la same de al lado me dice: -Pibe, ¿qué escribís?
Yo: -Que todavía somos.

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